lunes, 15 de julio de 2013

¿Qué lleva a un bloguero a no contestar a un mensaje?

Óbviese la falta de "¿", la falta de "é" y la falta de "a" antes de "los"
Últimamente he leído a varios blogueros explicar el hastío que les produce recibir mensajes de personas que, en teoría, solicitan información (sobre los estudios de traducción, las salidas, las tarifas, etc.)... a los que no apetece contestar. A mí también me ha pasado y por eso escribo esta entrada, algo así como una breve reflexión sobre los tipos de mensaje que se pueden recibir (por correo, como comentario en el blog, por la página de facebook o, incluso, a través de tu cuenta personal en esta última red social) y las razones para contestar o, mejor dicho, para no hacerlo. Las que menciono no incluyen la más común, la falta de tiempo. Las no-respuestas de las que yo hablo son intencionadas.

No voy a descubrir la pólvora, pero cuando tantas personas reciben mensajes del tipo que voy a explicar, uno se plantea si realmente no es necesario especificar lo obvio. Cuando te creas un blog estás dispuesto a contestar las dudas que vayan surgiendo a quienes lo leen a raíz de entradas o simplemente comentar cuestiones del sector en general. Sin embargo, para estar dispuesto a dedicarle tiempo a esta faceta, para mí los mensajes tienen que cumplir una serie de requisitos que paso a explicar:

  • Escribe bien: si de verdad estás interesado en la profesión de traductor, lo menos que puedes hacer es mostrar interés por la lengua con la que te va a tocar trabajar. Un mensaje lleno de errores de todos los tipos despertará en la persona a la que pides información una desazón suficiente como para que, quizá, no recibas respuesta.
  • Haz preguntas concisas: si te decides a escribir con una duda o dos, que así sea, pero no puedes pretender una respuesta que se adecue a tus "necesidades" si tu mensaje no es conciso sino algo más tipo "me gustaría que me informaras un poco sobre el mundo de la traducción, cómo funciona y cómo encontrar trabajo".
  • No exijas: esto está a caballo entre estar bien escrito y una educación mínima. No puedes escribir un mensaje exigiendo una respuesta con algo tipo: "Hola dime qué hay que hacer para..." (mensaje real que he recibido hace poco y al que, por cierto, no he contestado).
  • No preguntes lo ya respondido: sobre todo aplicable a las entradas de blog. Antes de decidirte a escribir un mensaje:
    • Lee la entrada (con atención).
    • Lee los comentarios (con atención. Normalmente la respuesta está en ellos).
    • Por último, si estás seguro de que lo que vas a preguntar no se ha tratado antes, entonces escribe el mensaje. No hay nada que más haga perder las ganas de contestar que la evidencia de no haber buscado lo suficiente.
Al recibir este tipo de mensajes, a los que se nos hace la pregunta tenemos dos opciones:
  • No contestar: suena "duro", pero realmente hay mensajes sin pies ni cabeza escritos por personas que, al no recibir una respuesta, quizá se replanteen el porqué y lo reformulen (si realmente les interesa, que esa es otra). También puede ocurrir que la persona te juzgue como que no contestas a los mensajes y no piense que quizá la falta de contestación está provocada por el propio mensaje que ha escrito.
  • Contestar: lo más común por mera "educación". Sé de muchos que, aunque les cueste la vida, sacan las fuerzas (¡y el tiempo!) para contestar a toooodos los mensajes que les escriben. La clave está en medir el grado de interés del que escribe el mensaje teniendo en cuenta algunos factores, como los que he mencionado anteriormente.
En mi opinión, las dos opciones son válidas y no me atrevería a juzgar a quien decida no responder. Y cuidado, que yo también he sido usuaria de blogs y foros y también he preguntado a lo que ya se había respondido sin darme cuenta. Un error lo tiene cualquiera, pero por alguna extraña razón a menudo los "requisitos" mencionados parecen entremezclarse, en cuyo momento ya quizá no sea un error sino falta de interés.

Sin embargo, estoy segura de que cada uno de vosotros, ya sea como bloguero o como usuario que envía comentarios, tendrá una opinión bien formada al respecto. Como bloguero, ¿qué es lo que te lleva a pensar si responder a un mensaje? Como usuario, ¿qué pasos sigues antes de escribir? ¡Espero vuestras experiencias, ejemplos, reflexiones, etc.!

lunes, 8 de julio de 2013

Pros y contras de tener un Mac siendo traductor



En marzo del año pasado di el paso que llevaba queriendo dar mucho tiempo: me compré un Mac. Concretamente un MacBook Pro de 13 pulgadas. Conocía a gente que tenía modelos anteriores y estaba contentísima por varias razones con las que yo estoy de acuerdo a día de hoy y que especificaré más adelante en esta entrada. Sin embargo, no me paré a pensar que ninguna de las personas que conocía era traductor, así que tras hacer alguna pregunta no muy exhaustiva en las redes y recibir como respuesta algo tipo "se puede, yo lo tengo", no me lo pensé más.

Ahora, un año y pico después, creo que puedo decir que... me arrepiento hasta cierto punto. Si bien es cierto que hay una serie de ventajas que no cumplían en su momento otros ordenadores (quizá ahora sí, los ultrabooks), existen bastantes desventajas como usuario y como traductor. Todo esto, por supuesto, es una opinión personal no especializada y quizá la mitad de las desventajas que yo veo se puedan solucionar con práctica o con algún método, pero mi experiencia es que llevo un año y pico y no he conseguido aún hacerme a ciertas características del ordenador incluso intentado por mis propios medios mejorar la experiencia. A continuación os presento 5 ventajas y 3 inconvenientes. Aunque en número ganen las ventajas, juzgad vosotros mismos cuáles pesan más en la balanza en el día a día de un traductor:


VENTAJAS

  • Batería: Fue una de los aspectos que más me atrajo desde el principio. El hecho de poder hacer viajes sin preocuparme de que no haya enchufes o ir a los exámenes sin cargador era una auténtica maravilla. Traducir sin preocuparse del tiempo, qué más se puede pedir. Ahora, tengo entendido, hay algún ultrabook que van a sacar que llega a las 12 horas (teóricas, supongo, porque mi ordenador supuestamente aguanta 8 horas y en realidad aguanta 5, pero no es lo mismo leer un word que ver vídeos, claro).
La maravilla de la retroiluminación
  • Sin virus ni errores: El ordenador que tenía antes que este, un Samsung, acabó desesperándome por los errores que daba constantemente. Simplemente abrir un Doc o un PDF daba varios errores hacia el final de sus días, por no hablar de cuando se petaba y directamente no respondía. Imposible traducir así, claro. Ni el técnico sabía qué hacer. Los virus y los troyanos también estaban presentes en mi vida por aquel entonces. Ahora, por suerte, no.
  • Peso: Este aspecto me maravilló en su momento. Me parecía que pesaba poco (más que el MacBook Air, claro, pero no escogí este porque no tenía lector de CD/DVD y solo tenía un puerto USB, si mal no recuerdo). Ahora ya me pesa bastante después de haber tenido en mis manos los ultrabooks que andan presentando últimamente.
  • Teclado retroiluminado: Parece una tontería pero el hecho de poder estar en la oscuridad tecleando viendo las letras es una pasada, y esta característica no la tenía ningún otro ordenador en ese momento, que yo supiera. Muy, muy útil.
  • Silencio: me quedé impresionada de lo silencioso que puede llegar a ser un ordenador, porque todos los que conocía hasta entonces parecían helicópteros a punto de emprender el vuelo. El Mac, salvo excepciones, no suena nada de nada, seguramente porque el ventilador es interno.

Peso: 2 kg

INCONVENIENTES

  • Emulador de Windows: Gastarse los cuartos en lo que costarían dos PC para luego tener que iniciar Windows en Mac no tiene nombre. Sabía que lo tendría que hacer antes de comprármelo, pero lo que no sabía era que el Parallels, que es el que yo uso, tardaría aproximadamente 45 minutos en iniciarse (teóricamente tarda muchísimo menos, pero en la práctica no me responden las acciones con total fluidez hasta que ha pasado ese tiempo). Quizá si aumentara la memoria RAM esto sería diferente; cierto es que compré el de menor capacidad porque, asesorada por "profesionales", me aseguraron que tendría "de sobra" con eso. Pues no, no me sobra. De hecho, me falta. 
  • Atajos de teclado: Después de estar años y años para controlar muchísimos atajos de Word extremadamente útiles, llegó Mac y acabó con la rapidez. Todos sabemos que traducir rápido está muy relacionado con el dominio de los atajos de teclado, así que os podéis imaginar el tiempo que pierdo, aún hoy, teniendo que ir con el trackpad incluso para poner la negrita (no creáis que no he intentado personalizar los atajos para ponerlos como en Windows: lo he intentado y nunca se guardan).
  • El teclado en sí: Muy relacionado con el tema atajos. El hecho de no tener las mismas teclas que en Windows podría parecer poco importante, pero en realidad poco a poco vas echando de menos teclas tan básicas como suprimir... Para que os hagáis una idea, para suprimir hay que pulsar dos teclas. Sí.

Estas son las ventajas y los inconvenientes de tener un Mac siendo traductor. Ah, y doy fe de que, ahora que trabajar mucho tiempo con portátil todo el día machaca espalda, muñecas y cuello. Al probar lo que es trabajar con ratón, teclado y pantalla externa, he notado un montón la diferencia. Lo que no sé es si ponerle todo eso externo a un Mac requiere que tenga que ser de Apple o puede ser para Windows. Bueno, ahora me gustaría que dejarais vuestras opiniones al respecto ¿qué experiencia tenéis vosotros? ¿Mac o Windows? ¿Habéis podido comparar? ¿Con cuál os quedaríais?

martes, 2 de julio de 2013

El origen del nombre de algunos blogs de traducción



Hace unos días se me ocurrió plantearles a algunos traductores la pregunta de por qué eligieron el nombre de su blog. Algunos ya habían dedicado una entrada para contarlo, así que en ese caso he tomado sus palabras de allí.

No sé vosotros, pero desde que era pequeña siempre había querido tener cosas a las que ponerle nombre, e igualmente el momento más emocionante al comprarse X era elegir color y nombre. De hecho recuerdo haberme creado unas 15 cuentas de Hotmail )en vez de cambiar de "nick", cambiaba de dirección xD). Por alguna razón siempre me ha parecido muy significativo el hecho de escoger un nombre, incluso si no parece esconder una gran historia. Como se dice en algunas teorías de la traducción, «decidir no traducir una palabra también es una traducción»:

  • El arte de traducir, de Eva Martínez. Pues la verdad es que mi nombre no tiene mucha historia. Es de estas cosas que te viene de repente, te gusta, lo anotas, vas corriendo a Wordpress a ver si está disponible, lo registras y a funcionar... Un poco por inspiración divina, vamos. De hecho, ni siquiera recuerdo si llegué a hacerme una lista con varias opciones o no.


Mamá, quiero ser traductora,
¡Oh, mamá! De textos, correctora,
con el diccionario, aunque sea un calvario,
hacerme glosarios y maquetar sin parar

Mamá, quiero ser lingüista,
¡Oh, mamá! Intérprete hispanista (...)


  • Traducinando, de Herminia Páez Pardo: «Casualidad: cuando abrí la cuenta de Twitter profesional dije "algo que sea fácil de recordar y que si es posible sea un juego de palabras con traducir". Una vez hecha la cuenta de Twitter supongo que fue evidente, porque antes se iba a llamar «El blog de juguete».

  • Melodía de traducción, de José Manteca: «Llamé a mi blog Melodía de traducción  porque yo siempre he sido un amante del baloncesto. Me encantaban las retransmisiones del fallecido Andrés Montes, que llamaba "Melodía de seducción" a Latre Sprewell. Siempre me hizo gracia ese apodo, y me pareció que tenía gancho si lo adaptaba a la traducción».

  • Algo más que traducir, de Pablo Muñoz Si te soy sincero, no sé muy bien porque elegí el nombre de "Algo más que traducir". Lo que sí recuerdo es que quería que empezara por 'A', ya que en cualquier lista de blogs o lo que fuera se vería de los primeros y me gustaba esa idea. Suena a algo premeditado, pero oye, ¡cosas que se te pasan por la cabeza con 22 años y ganas de compartir tus experiencias con el resto del mundo! :P

  • El blog de LYL, de Lourdes Yagüe: «Tenía claro que no quería dedicar mi blog exclusivamente al colectivo de traductores, sino que también quería orientarlo a potenciales clientes que quisiesen conocerme más o a personas con intereses afines a los míos. Por eso al final quedé conforme con quitar del título el juego de palabras con «traducción» o «traducir», opción que al principio me atraía. Quería incluir mi identidad o el nombre de mi negocio. Hace relativamente poco que he empezado a trabajar como autónoma con el nombre de «LYL Traducción y Gestión»: las iniciales de Lourdes Yagüe Lobo, en las que también he basado mi logo, y «Traducción y Gestión» indica a qué me dedico: traduzco y gestiono los pedidos que yo no puedo traducir. Primero creé el negocio y la web, y después se me ocurrió abrir el blog y, como quería vincularlos, así quedó: «El blog de LYL».

  • Bmartinez, de Begoña Martínez: «Son mi inicial y mi apellido. Al principio compré bmptraduccion, pero en cuanto supe algo más de informática vi que 1) el bmp tenía poco glamour y 2) era muy largo. Ahora más en serio, lo más curioso supongo que es mi nombre de Twitter, @minibego. La gente me pregunta mucho por él, y viene del día que Google decidió cerrar Jaiku (el precedente de Twitter, y en mi opinión mucho más chulo que Twitter, entonces). Ese día, todo el grupo de amigos que estábamos allí decidimos pasarnos en bloque a Twitter. Como llegábamos tarde, Bego estaba cogido ya, así que dije... la versión mini, en 140 caracteres, de Bego es @minibego».

  • Patricia Lluberas, de... ¡adivina! «Mi blog no tiene nombre. Bueno, sí, tiene el mío: como traductora autónoma y emprendedora individual, he considerado, por ahora, que debía ser yo misma, sin nombres de ningún tipo. En cualquier caso, el nombre de mi negocio, PLR, son mis iniciales».


  • TraducArte, de Iris Permuy: Quería que el nombre indicara claramente que se trata de un blog de traducción, también quería acotar un poco la especialidad (audiovisual y espero que en un futuro también literaria, aunque luego he ido tratando temas más amplios también). Por último también quería que fuera corto, original, fácil de recordar y fácil de escribir y pronunciar en mis idiomas B y C. Buscaba un poco, sin querer, lo que nos contó Valeria en el TraduEmprende. Pensé que iba a tardar años en conseguir un nombre con todos esos requisitos, pero lo cierto es que fue lo primero que se me ocurrió. Lo consulté con mi familia y me dijeron que no les convencía porque parecía el infinitivo de un verbo inventado: Yo te traduco, tu me traducas... Así que barajé otros muchos, que incluyeran mi nombre, que fueran más explícitos... pero al final siempre volvía a mi primogénito :) y me quedé con TraducArte. Me gusta un juego de palabras (una contracción) y da mucha cancha a la hora de inventarse eslóganes: "El arte de traducir arte", "El séptimo arte a tu alcance", y cosas así. Aunque ya ha habido quien me ha preguntado si me dedico a traducir libros de arte, refiriéndose a pintura y escultura... aunque, la verdad, tampoco me importaría dedicarme a eso. Y, bien mirado, engloba también lo que he estado traduciendo hasta ahora para la UIA aunque no sea audiovisual, porque la Arquitectura es un arte también :)

  • Traducir es descubrir, de Laeticia AbihssiraQuería que mantuviera la idea de traducción combinando mi visión acerca de la traducción. Como cada vez que se traduce un texto, el traductor siempre acaba descubriendo aspectos nuevos (ya sea vocabulario, expresiones, en definitiva, elementos que hacen que tu cultura general sea un poquito más extensa), y "traducir" rimaba con "descubrir", pensé... ¡Eureka! Ya tengo nombre.

  • Jugando a traducir, de Rafael López Sánchez: «Lo de jugar a traducir tiene mucho que ver con ese efecto negativo que nos suelen producir las cosas que nos imponen o que nos obligan a realizar cuando no queremos hacerlas o no las esperamos. Y es que, desde que somos niños, estamos deseando terminar los deberes o la tarea correspondiente para poder ponernos a jugar y evadirnos de todo lo demás. Cuando crecemos, poco cambia. La mayoría de nosotros estamos esperando ansiosos que llegue de una vez por todas el fin de semana para desahogarnos de la larga y dura semana de trabajo que hemos tenido que afrontar. Normal».

  • LocQAz, de Javi Mallo:«Loc: Localización - Ese maldito palabro que se inventaron cuatro listos para venderles a las empresas tecnológicas sus servicios de traducción con un lazito... QA: Control de Calidad y Revisión en nombre del cliente - A lo que me dedico el 90 % del tiempo. El martillo de Tor de las empresas de traducción cuando no siguen los dictados de sus clientes. Habrá un poco de todo: consejos, bricolaje, herramientas, chascarrillos, etc.Z: No todo es traducción... Habrá hueco para la "locuacidad": breves pensamientos sobre los humano y lo divino... Porque no solo de traducción vive el freelancer, aunque paga las facturas...»

  • Vine, vi, traduje, de Paula Martínez Sirés: El nombre para el blog se debe a uno de mis proverbios favoritos: "Vine, vi, vencí." Pensé que era un mensaje con fuerza y que captaba la idea de "hacedme un hueco, ¡que ahora vengo yo!" En cuanto a mi nombre de usuario (@TradSir), quería algo relacionado con la traducción y, a su vez, que guardara relación con mi nombre. Dado el hecho de que mis iniciales ya estaban cogidas (gracias, "pmstrad"... Jeje), me decanté por TradSir: una aleación de Traducción y mi segundo apellido, Sirés.

  • Contraducción, de Sandra G.M.: «El nombre de este blog fue lo que más me costó decidir. Quería algo que me reflejara y que tampoco fuera excesivamente difícil de recordar. Probé con decenas de composiciones, desde frases a escuetas palabras. Finalmente me di cuenta de que lo único que estaba haciendo era contradecirme y ¡pum!... se encendió la bombilla. Como se puede ver en la descripción del blog, el nombre es una —espero— curiosa derivación de contradicción en un nuevo vocablo. Por otra parte, y partiendo del anterior argumento, observé que podía extraerse una segunda explicación si tomaba en cuenta la preposición con y la raíz de todo lo malo y lo bueno, el motivo por el cual hoy estamos aquí reunidos (?): la Traducción».

  • Marketing para traductores, de Elena Fernández Luna: El nombre de mi blog se debe a su propio contenido: marketing para traductores. Pensando en varios nombres al final decidí ser clara y concisa y representar con palabras clave el contenido tanto para posicionamiento web como para una fácil memorización del mismo. En el logotipo del blog además aparece mi nombre, el nombre del autor, para que se asocie rápidamente mi nombre con estos contenidos para traductores.

Y... ¿por qué Traducir&Co?


Como me gustan las películas, canciones, libros, etc. con nombres cortos (Bad, Thriller, Tiburón, Origen), pensé que era el momento de elegir algo "que se quedara" y que, a poder ser, tuviera un toque de humor o doble sentido. La primera (y última) estrategia para conseguirlo fue buscar palabras que acabaran por "cir" para poder unirlo a "Traducir". Y, como podéis imaginar, lo primero que se me vino a la mente fue "circo". Para que conste, no me gustan nada los circos, me dan miedo los payasos y en un principio pensé que se podía tomar como si estuviera comparando el mundo de la traducción con un circo. De hecho, un profesor de la facultad me dijo que quedaba poco serio por esa asociación, pero luego reconoció que chispa no le faltaba. Sin embargo, precisamente por lo "chocante" y por la quizá desafortunada alusión/comparación, pensé que los lectores lo recordarían con facilidad. Así pues, durante las primeras horas de vida, el blog se llamó... "El Traducirco", pero mi madre me dijo... ¿y por qué no Traducir&Co? El "co" final daba esa posibilidad y la verdad es que me gustó después de pensarlo. De hecho, ¡era perfecto! Traducir... ¡y todo lo que le acompaña! :-)

Si tenéis un blog cuyo nombre esconde alguna decisión curiosa/importante, podéis contestar a esta entrada para contarlo :)