domingo, 16 de febrero de 2014

Por qué (no) estudiar un máster al acabar la carrera

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La sintonía de Don de Lenguas me ha despertado la vena nostálgica porque, aunque parezca que hace poco que abandoné las aulas (literalmente, es así) la sensación interior es muy distinta. Parece que fue ayer cuando apenas pegaba ojo por las noches pensando en "dónde estaré en unos meses" o cuando desatendía las explicaciones del profesor para dar los toques finales a un currículum al que había dedicado mucho tiempo porque era "mi mejor baza". Con eso y seis años de experiencia universitaria a mis espaldas, me angustiaba a la vez que me emocionaba pensar qué pasaría después. Por eso, porque tengo reciente la sensación de incertidumbre y esperanza, "vuelvo a mis orígenes" en esta entrada, pero esta vez desde otro punto de vista: desde la perspectiva de que ya hace unos meses que dejé de estudiar... y descarté la idea de estudiar un máster.

Cuando uno está a punto de acabar sus estudios se le amontonan las ideas... o bien le paraliza el miedo y al final no hace nada. Es esencial tener en mente que vuestras decisiones en este momento no deben verse como un "ahora o nunca", sino de un "si no es ahora, será después". Algo muy distinto a lo que ocurre cuando ya tienes que atender una serie de obligaciones y responsabilidades ineludibles cada mes.


La situación del recién licenciado suele ser distinta a la de quien busca una estabilidad duradera y, por ello, no son pocos quienes se lanzan de cabeza a cursar un máster, en ocasiones por las razones equivocadas. Si uno elige un máster por las razones correctas, como especializarse en una rama concreta porque lo tiene claro, no hay ningún problema. Sin embargo, si estudiarlo es una manera de prolongar la cómoda (pero confusa) etapa universitaria, quizá haya que plantearse otra alternativa.

Estoy segura de que, como yo, conoces a quien ha decidido estudiar un máster porque se le echaba el tiempo encima y no sabía qué hacer con su vida al año siguiente. Desde mi punto de vista, este es un planteamiento equivocado que, literalmente, sale caro. Los principales "síntomas" de que quizá cursar un máster no sea una buena idea, son los siguientes:
  • No sabes exactamente qué máster hacer: tienes que conocer las razones concretas por las que quieres especializarte y, sobre todo, en qué. Si no es así, no lo hagas... (aún). Quizá necesites experimentar distintos ámbitos antes de lanzarte a una especialización que desconoces.
  • No tienes un plan para después del máster: si lo haces "por hacer", te toparás con la misma situación que ahora pero con un máster bajo el brazo y, con él, la frustración de estar "superpreparado" y no tener experiencia.
  • No sabes si quieres dedicarte a esto: plantéatelo. Hacer traducción y especializarse o trabajar en otra rama no es un fracaso, es una opción más. Y muy válida, por cierto, porque probablemente son pocos los que combinan dos disciplinas distintas.
Por eso te propongo un planteamiento muy simple pero que muchas veces no se nos pasa por la cabeza. Siempre nos imaginamos dos extremos: trabajando a jornada completa cobrando lo suficiente como para ser independientes económicamente... o estudiando un máster. Desde mi punto de vista, existe un "justo medio" que combina ambas opciones.

¿Por qué no intentar vivir alguna experiencia profesional a modo de máster? Igual que no generarías ingresos durante ese año o años que estudiaras, de esta manera adquirirías formación sin la presión que supone saber que tienes que llegar a fin de mes con lo que ganes, a sumar a otra serie de ventajas:
  • Te saldrá mucho más barato: de hecho, ganarás y te podrás "formar" con tu propio dinero si finalmente es lo que decides.
  • Empezarás a tantear el mundo profesional y, tanto si sale bien como si no resulta, "que te quiten lo bailao" (y esa experiencia real para el CV).
  • Adquirirás esa práctica que tanto se echa en falta en las clases teóricas y de la que se carece al salir de la carrera (y que, en cierto modo, es la pescadilla que se muerde la cola: sin experiencia no hay trabajo, sin trabajo no hay experiencia...).
  • Aprenderás a reconocer lo que te gusta y, quizá, veas claro en qué te quieres especializar (y entonces, hacer un máster... o no). No es lo mismo estudiarlo que trabajar de ello. Puede que lo que ahora rechazáis os llegue a encantar y viceversa. Nada como intentar meter la cabeza en X ámbito para probarlo y juzgar vosotros mismos.
  • Conocerás a otros profesionales, trabajadores que posiblemente te abran los ojos sobre algunos aspectos que ahora ni te imaginas, te den ideas y de los que puedes aprender mucho si adoptas el modo esponja.

Por todo ello, animo a aquellos estudiantes que estén ya en la etapa de decidir qué hacer con sus vidas el año que viene que se planteen bien las razones para estudiar un máster. Aunque la situación no es fácil en términos laborales, buscar trabajo lo tendrás que hacer antes o después y, si es el miedo el que te paraliza, te animo a que te despojes de él y juegues tus mejores bazas ya en el terreno profesional.

No obstante, y como bien sabemos todos, una cosa es intentarlo y otra conseguirlo, pero lo que está claro es que, si no lo intentas, no lo consigues. Ni ahora, ni después de estudiar un máster. Además, el "viaje" es igual o más importante que el destino, y la búsqueda de trabajo también "te forma" sobre lo que pide el sector, lo que tú puedes ofrecer, qué necesitas, etc.
 
IMPORTANTE: Vaya por delante que la reflexión que pretendo en esta entrada NO es "si quieres, puedes", porque por desgracia en lo referente a encontrar trabajo no es así en la actualidad, sino hacer una autorreflexión sobre si estudiar un máster es la mejor opción en tu caso concreto. 

domingo, 2 de febrero de 2014

¿Cómo es trabajar como traductor en plantilla?


Una de las salidas laborales que uno contempla cuando llega el momento de elegir cómo iniciarse en el mundo profesional es trabajar como traductor en plantilla. La otra es ser autónomo. Si bien es cierto que la mayor parte de la información que hemos recibido durante la carrera (en Salamanca) es con vistas a ser freelance, yo tenía claro que prefería dar mis primeros pasos empezando por la primera opción. La razón de mi decisión fue que necesitaba adquirir rodaje, conocer el sector por dentro, aprender a manejar distintas herramientas (aunque no son lo más importante, son la mar de útiles), sentir la presión de los plazos, mejorar la calidad de mis traducciones, etc.

Aunque en la facultad se organizó una charla de antiguos alumnos para contarnos sus experiencias con distintas salidas laborales, no me quedó claro cómo era trabajar en plantilla como traductor (de ser PM sí se habló, pero sus funciones son muy distintas de las del traductor). Por ello, disponía de poca información, pero aun así, tuve claro que:
  • Quería dedicarme a la traducción (otros ya tenían en mente otras salidas).
  • No me veía preparada para ser autónoma (entre otras cosas, porque quería irme a vivir a Madrid y de esa manera no iba a poder).
  • Quería tener compañeros (no me imaginaba en casa todo el día recién salida de la carrera).
  • Quería aprender, mejorar y sentirme más segura de mi trabajo.

Por todo ello, decidí buscar trabajo en plantilla. Ahora ya han pasado siete meses desde que empecé a trabajar y he decidido crear una entrada con las respuestas a las dudas que yo me planteaba antes de saber cómo era.

¿Cómo es trabajar en plantilla?
Trabajas ocho horas, de nueve a cinco (con pausa para comer recomendable, pero que no siempre se puede cumplir), en las que tienes que traducir lo que te llegue. Puede ser un proyecto grande que dure varios días (y que quizá requiera de trabajo en equipo) o bien muchos proyectitos de pocas palabras cada uno. Normalmente, cuando llegas a la oficina aún no has recibido todo lo que te corresponde traducir ese día, por lo que hay que prestar atención al correo durante toda la jornada. 

¿Qué herramientas se usan?
Cualquier herramienta entra dentro del cupo. Al disponer de tal cantidad de licencias, se aprende mucho sobre distintos métodos de trabajo y la gestión de memorias y glosarios de cada programa. Al principio es lo que más abruma, pero después te das cuenta de que cada cliente suele requerir una herramienta y al final te acostumbras.

¿Qué tipos de textos se traducen?
Dependiendo de la especialidad de la empresa. ¡Realmente no se puede generalizar!

¿Mis traducciones se revisan?
Por supuestísimo. Recibir feedback resulta muy interesante siempre y me consta que no es tan común como debería.

¿Cuáles son los pros y los contras respecto a trabajar como autónomo?
Aunque se podrían enumerar muchas ventajas y desventajas, yo me centraré en las dos que yo considero principales: el horario y el salario.

Mientras que en plantilla tienes un horario fijo (aunque a veces se alargue) y cuando sales no tienes que preocuparte por gestionar proyectos, buscar clientes ni terminar traducciones, como autónomo la jornada laboral puede ser eterna y es difícil desconectar. No obstante, como autónomo trabajas desde casa (tiempo que te ahorras: yo tardo dos horas en total viajando cada día) y durante la época de menos trabajo puedes aprovechar para diversificar y explorar nuevas oportunidades.

En cuanto al salario, en plantilla tienes una seguridad a fin de mes y la opción de darte de baja, tener pagas extra y vacaciones pagadas, etc. Como freelance, puede que tus ingresos fluctúen tanto que un mes ganes lo que en tres y otros estés a dos velas, por no hablar de que, en lo que respecta a vacaciones (por ejemplo), si no trabajas, no cobras.


Y hasta aquí las principales preguntas que yo me planteaba antes de empezar a trabajar y me alegra que ya pueda responderlas y plasmarlas aquí para ayudar a quienes tengan dudas a este respecto. Espero que os sean de utilidad sus respuestas.
¡Hasta pronto!