jueves, 25 de septiembre de 2014

Cómo ir preparando tu entrada en el mercado laboral (Entrada mía publicada en el blog OPEM)

Hace unas semanas un paisano bloguero, José J. Alonso, autor de http://www.orientacionparaelempleo.com y al que conocí de casualidad por Internet, me propuso que escribiera una entrada para su blog (que, por cierto, me parece escandalosamente bueno), así que allá que fui, a dejar mi granito de arena en ese ámbito que tanto me gusta que es la orientación (de hecho, acabo de crear DBAU, otro blog, esta vez para los estudiantes de bachillerato que pronto pasarán a la universidad). Sin más dilación, por aquí os dejo mi entrada:
 
 
 
Cuando alguien ya ha abandonado la universidad y aconseja a un estudiante “aprovechar al máximo” la etapa universitaria, uno piensa automáticamente en disfrutar de la libertad que supone no tener cargas económicas y de disponer de su tiempo libre. Sin embargo, detrás de esta frase se esconde otra faceta más práctica y enfocada a otro tipo de disfrute: aprovechar la etapa universitaria para ir “abriendo boca” respecto al mundo laboral para que no te pille desprevenido llegado el momento.
 
No son pocas las personas que exprimen al máximo la dulce época de las aulas hasta el extremo de que el momento de buscar empleo se les echa encima antes de lo previsto. Una de las razones, además de creer que el momento nunca llegará, es el pesimismo inaudito que prodigan los medios. Si te dejas amilanar y recurres al “con la que está cayendo” y “las cosas están muy mal”, posiblemente entres en el saco de los que rechazan la idea de buscar trabajo porque “total, no voy a encontrar nada”. Pero debes saber algo: hay otro saco en el que, personas con la misma realidad ante ellos que tú tienes, deciden prepararse antes de terminar sus estudios precisamente para que el mercado y las circunstancias no les pillen tan vulnerables como uno sale de la universidad si no se ha movido antes. 
 
Por eso, como te puedes imaginar, yo soy partidaria de interpretar la etapa de estudios como un regalo para ir planificando cuáles serán nuestras opciones, qué queremos hacer, cómo queremos conseguirlo, a qué estamos dispuestos para lograr ese objetivo, etc. Recuerda que aplazarlo o evitar pensar en ello no evitará que el momento llegue. Lo primero que debes hacer es hacerte DOS preguntas. Sí, solo dos:
 
  • ¿Quieres seguir estudiando o empezar a trabajar? En el caso de querer seguir estudiando, ¿por qué? No será una forma de prolongar la etapa universitaria y postergar la entrada en el mundo laboral, ¿verdad? Si es así, ojo a las razones equivocadas para estudiar un máster. Si, por el contrario, tienes claro que quieres especializarte en X para entonces dar tus primeros pasos, adelante.

    Cuando se va acercando el abismo del final de la carrera, a muchos les entra el pánico y deciden estudiar un máster por pura inercia con la “excusa” de estar mejor preparados (a veces no tienen claro ni en qué les gustaría especializarse, pero piensan que en el CV quedará muy bien el título). Si no estás seguro de lo que quieres hacer, lo mejor es que vuelques tus esfuerzos en buscar un trabajo y conocer tu sector. Además, ponerte a trabajar no implica descartar la idea de volver a estudiar más adelante (ahora que hay másteres online, por ejemplo). No olvides que pocas cosas te hacen pisar más sobre seguro que empezar a trabajar para darte cuenta de lo que te gusta y lo que no. Una vez toques una o varias ramas, te darás cuenta de si te apetecería dedicar los próximos años a trabajar en ella.
 
  • Si decides que lo que quieres es dar el gran salto y empezar a trabajar, ya tienes una decisión sólida sobre la que dar los siguientes pasos:

    • Estudia tu sector. ¿Qué se pide? Mira ofertas de trabajo de todo tipo y observa qué tienen en común. ¿Piden inglés? Es el momento para sacarte un título (aquí puedes ver cómo me saqué el Proficiency por mi cuenta). ¿Qué características comparten todas las ofertas? De todos los requisitos, probablemente lo que te eche para atrás sea que, como la pescadilla que se muerde la cola, piden experiencia; experiencia que no puedes adquirir si nadie te da una primera oportunidad. Es una realidad complicada, pero es una realidad a la que todos nos enfrentamos al principio. Adopta, pues, la postura de quienes están en el saco de los que están dispuestos a lanzarse a la piscina y superar los obstáculos que se tercien: “Partiendo de la base de que piden experiencia y yo no la tengo… ¿cuáles son las cartas que puedo jugar?”.

      Puedes jugar varias cartas. En primer lugar, y dado que tienes tiempo porque aún estás estudiando, analiza cómo puedes adquirir experiencia antes de llegar a un Empleo con mayúsculas. ¿
      Voluntariado? ¿Cursos con opción a prácticas? ¿Congresos o eventos en los que puedas contactar con gente que te pueda servir de contacto? ¿Estudio online con páginas tipo Coursera y MiríadaX? Estudia tus opciones de adquirir experiencia mientras estudias. Busca las empresas que te interesen (si quieres trabajar por cuenta ajena) o a qué clientes te quieres dirigir (si quieres trabajar por cuenta propia) y estudia qué valoran y requieren.

    • Estúdiate tú. ¿Cuáles son tus puntos fuertes y débiles? Si eres tímido, no querrás estar de cara al público; si te agobias con facilidad, no querrás aceptar un trabajo en el que busquen a alguien que sepa trabajar bajo mucha presión; si eres casero, no querrás optar a un trabajo que pida disponibilidad para desplazarse a menudo.
 
Aquí volvemos a lo que decíamos antes de analizar a qué estás dispuesto para conseguir tu objetivo. Una cosa es no tirarte de cabeza a una piscina que claramente es contraria a tus ideas y otra, rechazarlo todo porque nada se adapta exactamente a tu personalidad o circunstancias. Quien algo quiere algo le cuesta y a trabajar se aprende trabajando. Puede que te sorprendas de lo que eres capaz.

En cualquier caso, la personalidad de cada uno es un mundo y en lo que te debes centrar es en qué puedes ir haciendo en este ámbito: por ahora, con saber qué estás dispuesto a sacrificar, qué te ves capaz de ofrecer y qué límites vas a ponerte, es más que suficiente. Por ejemplo: “Creo que se me da bien explicar X, así que me veo capaz de trabajar de cara al público en X aunque me cueste, pero no estoy dispuesto a salir de mi ciudad”. Ahí ya estás marcando tus límites (no salir de tu ciudad), lo que estás dispuesto a sacrificar/superar (tu miedo a atender en público).
 
Una vez adoptes esa postura, ya sabes qué tipo de trabajo va más contigo y las condiciones que te harán descartar un posible trabajo. Porque recuerda que no se trata de optar a cualquier trabajo por el hecho de trabajar y romper con las horrorosas estadísticas, sino de que ese primer empleo te resulte lo más atractivo posible, dentro de las posibilidades (estás empezando), para que te sirva para conocer por dentro el sector, lo que te gusta, etc. Si sales escaldado por no haber elegido bien dónde meterte, será contraproducente.
 
    • Deja que te estudien a través de Internet/redes sociales. Por suerte, en esta época tenemos a nuestro alcance cualquier tipo de información. Si no la encuentras, es que no la has buscado bien. Tener presencia en Internet es importante, aunque hay distintos niveles y no todo el mundo está dispuesto a todo. Por eso, yo distingo entre tres niveles de presencia:
 
i.      Nivel básico: Es el que, te guste o no, debes tener. Se trata de dos factores básicos: estar en Google y tener un CV atractivo a la vista de quien lo busque. Primero, prueba a buscar tu nombre completo. ¿Qué aparece? Si el primer enlace es tu perfil de LinkedIn o una página de About.me, vas por buen camino (y siempre puedes mejorar más aún tu presencia). Si no aparece nada concreto, ponte las pilas. Posicionarse en Internet lleva tiempo y, por suerte, tú aún lo tienes. Créate un perfil y diseña un CV atractivo. El currículum del recién licenciado ha de ser impecable y estar muy meditado para maquillar la falta de experiencia.
 
 
ii.      Nivel medio: Tener más que un perfil profesional, como una cuenta de Twitter o una página de Facebook en la que, quien te busque, pueda saber más sobre ti (cómo escribes, cómo te expresas, a qué le das importancia, cómo gestionas tu tiempo…). Aunque no te des cuenta, hay mucho que uno puede inferir al ver algo más que un CV. Ya para empezar, si tú tienes una red social que otra persona no, ya tienes más posibilidades de que te encuentren y, por ende, te conozcan. Esto es positivo siempre y cuando des una imagen profesional en ella, claro.
 
 
iii.      Nivel avanzado: Estar presente en distintas redes, ofrecer distintos perfiles y escribir un blog. Ojo, escribir un blog es una buena herramienta para darse a conocer siempre y cuando seas constante, escribas contenido de calidad, bien escrito, relacionado con tu sector y en el que te muestres humilde (como estudiante, no puedes vender humo; eso causaría el efecto contrario en quien te encuentre).
 
 
Como ves, los momentos previos a la entrada en el mundo laboral pueden ser mucho más llevaderos si te lo tomas con calma y no se ven influidos por que se apodere de ti el agobio de “y ahora qué hago” en junio/septiembre. Lo más importante es recordar que, como he dicho antes, no pensar en ello no evitará que el momento llegue. Muévete antes de acabar la carrera. De ti depende que el momento te pille preparado o en tu caparazón. ¿Con qué opción te quedas?

sábado, 20 de septiembre de 2014

"¿Cuántas palabras traduces al día?"

No hay mal que por bien no venga ni debate que no me inspire una entrada :-)



El número de palabras que un traductor profesional traduce al día varía en función de muchos factores que, a menudo, no se tienen en cuenta cuando uno se aventura a realizar una estimación. Para responder a esta pregunta, a mí me gusta hablar de las palabras "netas" (las que quedan listas para entregar), no las "brutas" (las traducidas pero no revisadas). Es decir, que si afirmas hacer 3000, puedas entregar el proyecto al cliente en ocho horas (o lo que dure tu jornada) y garantizar un buen resultado, no que ya has hecho 3000 y "solo" falte pasarle el corrector (luego hablaré de por qué esas comillas). En mi opinión, los principales factores que determinan el número de palabras que uno puede traducir al día son los siguientes:

  • El nivel de dificultad del texto. No es lo mismo un texto médico especializado lleno de cifras, acrónimos y términos específicos que un texto corrido que prácticamente se puede ir traduciendo mientras se lee o con el que tienes mucha pericia. El proceso de documentación suele ser lo que más retrasa el proceso de traducción. De hecho, aunque tengamos en nuestra barra de herramientas enlaces directos a la RAE, el DPD, WR, IATE, Linguee o Google Books, casi siempre acabas buscando más...

  • El par de idiomas. Ya sabemos todos que "lo suyo" es hacer traducciones directas de tu lengua B o C (como yo las inversas no las contemplo, no entro en opinar sobre el ritmo de palabras que se alcanza en ese supuesto). Se suele tardar más en traducir de la lengua C por una razón muy sencilla: no solemos manejar la referencia ni la documentación con tanta soltura como en nuestra primera lengua (diccionarios, webs, glosarios, etc.) y hay que releer más veces el original para asegurarnos de haberlo entendido.

  • La herramienta utilizada. Desde luego que traducir directamente en Word no es lo mismo que usar una herramienta TAO que te propague las traducciones, te muestre resultados de la memoria o incluso te autocomplete las palabras (como AutoSuggest).

  • Tu nivel de concentración. Creo que, junto al nivel de dificultad del texto, la concentración es el factor más importante a la hora de estimar una cantidad de palabras traducidas al día. Cuando es máxima, a menudo las palabras parecen escribirse solas y te vienen los términos a la mente con una rapidez pasmosa.

  • Los procesos posteriores a la traducción. El paso posterior a la traducción suele ser largo y, a menudo, tedioso. El proceso que se sigue para garantizar la calidad es tan importante como la traducción en sí; si el resultado es pésimo, de nada sirve las palabras que hayas traducido. Estos son algunos de los pasos posteriores a la traducción: 
    • Autorrevisar.
    • Pasar el corrector de Word (básico pero fundamental).
    • Pasar los programas de control de calidad pertinentes para garantizar la coherencia, comprobar dobles espacios y la correspondencia de las cifras, etc.
    • Comprobar las etiquetas (y los espacios previos y posteriores).
    • Asegurarse de que se ha seguido la guía de estilo específica del cliente o se han utilizado los términos que pedía.
    • Asegurarse de que se ha sido coherente con el trato tú/usted.
    • Volver a pasar el corrector de Word. Sí, otra vez. Después de todos los cambios y comprobaciones que quizá hayas hecho, merece la pena dedicar unos minutos más a asegurarte de que no hay errores básicos. Pocas cosas hay que den tanta rabia como encontrar errores que se detectan con el corrector...

A esto habría que sumarle posibles problemas que se tengan con el ordenador o el programa. Con reiniciar, que tarde en guardar el archivo por lo que ocupa, etc., ya estamos dedicando más tiempo del previsto. En definitiva, resulta muy difícil especificar cuántas palabras se traducen al día y, sobre todo, hay que tener en cuenta que los recuentos de palabras distinguen entre fuzzies, 100 %, no matches, etc. Si nos limitamos a mirar cuánto hemos traducido sin fijarnos en nada más, podemos hacernos una idea muy equivocada.

En cualquier caso, el número de palabras que cada uno puede traducir al día es un asunto delicado y personal en el que muchos prefieren ser cautos y otros... no tanto. Lo importante es que cada uno tenga la conciencia tranquila, sepa que está entregando un trabajo profesional y, sobre todo, que te vuelvan a llamar. Mientras eso se cumpla, lo demás importa poco. Como dijo Ivars Barzdevics, traductor de Dragon Ball, el año pasado en el Mangafest de Sevilla, "traduce como si cada proyecto fuera el proyecto de tu vida" :-).

lunes, 8 de septiembre de 2014

Cómo ha cambiado el sector 2.0 de la traducción en los últimos 2 años


Dicen que el mundo de la traducción está saturado.

Y yo a veces me pregunto quién lo está más, si el sector o quienes lo forman. Temas como el intrusismo, las tarifas bajas, la presencia en las redes sociales, los anónimos cobardes y las cuentas falsas hacen que, en ocasiones, esta parte del sector parezca violenta, agresiva y opresiva. ¿O acaso tú no te has dado cuenta…? Si no es así, deja que te explique mi visión, ahora que no ha pasado nada concreto y mi opinión no se puede interpretar como una reacción “en caliente” a ninguna realidad trol.

Todo parece haber cambiado en cuestión de un par de años (que es, al menos, cuando yo empecé a moverme por esta esfera 2.0) o, mejor dicho, todo parece haberse desmadrado. Ahora parecemos estar inmersos en una época incierta en la que ya no se aplaude lo que hasta hace unos meses sí, donde dar ponencias ha pasado de aportar disfrute a infundir miedo a algunos ponentes, por el exceso de críticas a las que luego se enfrentan, y donde muchos prefieren no dar un paso en falso que nos cueste un disgusto, una discusión o un malentendido venido a más y alimentado por anónimos.

Pero, ojo, no olvidemos que esto no es sino un gran foro, en este caso digital, donde cada uno tiene su vida y “lo único” que comparte es una profesión. Y lo que no comparte, no se conoce, lo que no quiere decir que no exista. El hecho de que un alto porcentaje de profesionales de la traducción trabaje por cuenta propia y encima delante de un ordenador hace que nuestro sector se preste mucho a la interacción online. Una interacción que, por desgracia, últimamente no siempre es positiva y se expone a muchos roces cibernéticos. Roces que, muy probablemente,  no ocurrirían en persona por dos sencillas razones: porque en la vida real tienes la opción de no acercarte a quien no quieres (a diferencia de redes tipo Twitter y blogs) y porque por escrito todo puede ser distinto y muchos, con la tradicional educación 1.0, se pensarían dos veces las cosas antes de decirlas.

Esta entrada no tiene otro objetivo que el de expresarme, sin más. Como en los viejos tiempos. Como cuando te creabas un blog porque sí para decir lo que quisieras, sin segundas. Esta entrada es para recordar a quienes han llegado hace poco a este mundillo 2.0 que esto no siempre fue así, que antes lo habitual en los foros era debatir, no pegarse; que antes lo normal en las conferencias era informarse, no buscar las cosquillas ni criticar al ponente por la espalda; que antes lo normal era que los trols fueran entes aislados, no una opción más de soltar teóricas verdades subjetivas.
 
Un brindis por la traducción 2.0 de antes, la sana. Por que vuelva.

¡Chin chin!