domingo, 22 de marzo de 2015

¡Malditos becarios!


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Ya es un clásico. Metedura de pata que ocurre = metedura de pata que se asocia a un becario.

Esta vez, la entrada no alude directamente al sector de la traducción, sino que hace referencia al trato injusto generalizado que se les da a los becarios actualmente, sobre todo cuando se trata de las meteduras de pata (lingüísticas, en este caso) que salen en los medios de comunicación. Hoy mismo me he topado con otro ejemplo más de este tipo de actitud. En El País, "alguien" ha metido una pata muy gorda (e irónica) y ya hay a quien le ha faltado tiempo para hacer la típica bromita (o peor, igual no es broma) de los becarios.

Hoy en Twitter

Esta actitud no es ni mucho menos nueva, pero no por ello deja de ser injusta la generalización. Está claro que la falta de experiencia profesional hace que uno cometa más errores que si le ampara una larga trayectoria profesional, pero los errores son inherentes al principiante y no hay otra forma de desarrollarse y mejorar. No es justo convertir a los becarios en el blanco de todas las críticas cuando algo no sale bien, ni aunque se diga de broma.

Por ejemplo, en nuestro sector, donde nos deleitamos resaltando los errores del lenguaje que aparecen en los medios, no es poco habitual escuchar aquello de "Ay, el becario..." cuando se dan casos tan bestias como el de la imagen que muestro a continuación, que ocurrió hace bien poco. Curiosamente, es muy posible que detrás de esa cagada esté un "profesional" con años de experiencia al que, por supuesto, se excusaría más fácilmente ("¡Un error lo tiene cualquiera!", "¡No es lo mismo un error que una errata!"). Aunque conociéndonos tampoco lo perdonaríamos, la actitud sí sería algo distinta.

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Asociar automáticamente las meteduras de pata a los becarios me parece una de las afirmaciones más hirientes e injustas que se pueden realizar, sobre todo actualmente, donde encima hay que dar las gracias si, después de hincar los codos lleno de esperanza durante los últimos años, te hacen un contrato de becario en el que, con suerte, te pagan. Los becarios son necesarios, aprenden rápido y a menudo dan la talla (y, si no la dan, no es por ser becario). Si salen a relucir meteduras de pata de esta envergadura es porque hay un superior que no ha supervisado ese trabajo (que es deber, puesto que es consciente de que tiene a alguien que está empezando). En el caso de La Sexta, en el supuesto de que hubiera sido un becario el que hubiera escrito mal "devastador", ¿quién es el encargado de dar el visto bueno a su trabajo y publicarlo? Ese es el responsable final.

Ojo, que muchos lo dicen sin mala intención y precisamente por haber sido becarios antes bromean "con derecho" sobre el tema, pero algo me dice que otros se dejan llevar por el tópico, y no reparan en lo que están diciendo realmente.

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Habría que ver a muchos de los que miran por encima del hombro a los becarios desempeñar sus labores y ver cómo se sienten al final del día, cuando reparan en lo mucho que se han esforzado durante los últimos años para "acabar" (hay que resaltar que ser becario es el principio, no el fin) haciendo lo que hacen.a.

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Para terminar, os dejo una relación de grandes profesionales que empezaron como becarios (sacada de aquí):
  • Bill Gates: becario en el Congreso de Washington; se encargaba de tareas administrativas.
  • Steve Jobs: becario en Hewlett-Packard
  • Steven Spielberg: becario en Universal
  • Oprah Winfrey: Becaria en la televisión de Tennessee
Sé que es recurrir a los ejemplos de los "triunfadores" de siempre, y que además no son ejemplos españoles, pero creo que sirven bien para ilustrar de lo que estoy hablando ;-)


domingo, 8 de marzo de 2015

Mi odisea hasta llegar a ser traductora

Hoy echo la vista ocho años atrás para recordar el esfuerzo que cuesta lo que realmente ansías, la importancia de tener un objetivo definido y la recompensa de la que podrás disfrutar si no te rindes. 

Cuando llega el momento de decidir qué carrera estudiar, no parece haber mayor misterio que elegir por orden de prioridad dónde y qué estudios queremos cursar. Sin embargo, cuando la facultad a la que quieres acceder tiene prueba de acceso, la cosa se complica; de repente, entra en juego una posibilidad que no te imaginas: no aprobar. En mi caso, tuve que enfrentarme hasta en tres ocasiones a la prueba de acceso de la Facultad de Traducción y Documentación de Salamanca hasta que conseguí mi objetivo. 

Cuando suspendí la primera vez, me planteé pasar un año sabático preparando la prueba y aprendiendo otros idiomas, pero pronto descarté la idea al darme cuenta de que ni iba a tener esa constancia, ni me podía permitir "perder comba" de esa forma. No era el camino. Al final, después de descartar mis otras opciones (Periodismo, Turismo o Psicología), decidí matricularme en Filología Inglesa, siempre teniendo en mente que el plan era "hacer tiempo" hasta conseguir entrar en Traducción. Además, tanto Traducción como Filología compartían ubicación, la maravillosa Plaza de Anaya, por lo que se me ocurrió que podría cursar créditos de libre elección de asignaturas de TeI mientras estaba en Filología. 

Pese a mi descontento inicial, allí conocí a los que hoy son buenos amigos y adquirí conocimientos que, por el plan de estudios (échale un ojo a la entrada "¿Filología o Traducción?"), no podría haber aprendido de forma tan extensa en TeI (literatura [inglesa y también alemana, mi segunda lengua allí], fonética y fonología, dialectología, lingüística, etc.). Bastantes compañeros tampoco habían aprobado la prueba de acceso y muchos no volvieron a intentarlo (quizá por el orgullo herido o, sencillamente, porque sus preferencias cambiaron).

Después del primer curso (2007-2008), pensé que de ninguna manera volvería a suspender la prueba después de tener un añazo en Filología a mis espaldas. No me había preparado de ninguna forma pensando que con lo que había aprendiendo sería suficiente, pero, para mi sorpresa, desmotivación y descontento, no fue así. NO APTA de nuevo. La rabia se convirtió en determinación y pasar aquella prueba maldita pasó a colocarse en el primer puesto de mi lista de retos personales (no académicos). Empecé a informarme de dónde podría prepararme y, en uno de los centros donde acudí, me ocurrió algo insólito: tras explicar lo que buscaba, se rieron en mi cara argumentando que "ahí es muy difícil entrar, solo los que tienen padres nativos tienen posibilidades, ni te molestes en intentarlo". Otro obstáculo más el camino, más leña que alimentó mi fuego

Finalmente, y aconsejada por un gran profesor que notó que no me iba a dar por vencida, acudí a una academia donde me dijeron que, si bien medio año no era suficiente para preparar el examen, estarían encantados de ayudarme a intentarlo. Asistí entre dos y tres veces por semana a clases individualizadas hasta que llegó la hora de la verdad. 

22/6/2009, 12:52, salida del examen

Como veis, tengo hasta testimonio gráfico. Mi madre estaba tan segura de que iba a aprobar por fin, que hasta se llevó la cámara para inmortalizar ese momento. Ahora, seis añitos después, no puedo más que alegrarme (¡quién me iba a decir que acabaría publicándola en mi blog de traducción!)
El presentimiento de mi madre se cumplió: lo había conseguido. Unos días después degusté aquel flamante APTA. A partir de entonces, compaginé el primer año de Traducción con tercero de Filología, pero al irme de Erasmus en tercero (y, por qué no decirlo, al ver qué era lo que realmente me llenaba), acabé por abandonar Filología después de 3 años de estudiarla. Y no me importó porque había conseguido mi objetivo inicial, aquel que nunca perdí de vista.

De esta experiencia saco varias conclusiones:
  1. Si quieres algo, ve a por ello, independientemente de lo que te quieran convencer los demás ("es muy difícil", "no tienes posibilidades", "solo unos pocos lo consiguen"...). A no ser que cambien tus prioridades, ten siempre presente por qué estás donde estás en cada momento. No pierdas de vista tu objetivo último.
  2. Ten siempre un plan B (...mientras consigues el objetivo A). Si algo no sale como (o cuando) esperas, aprovecha para hacer otras cosas útiles relacionadas con el fin último mientras luchas por tu meta. Nada cae en saco roto y mucho menos si se trata de estudios.
  3. Cuando algo se te pone difícil, tienes dos opciones, rendirte ("no valgo") o crecerte (¿Ah, sí...?").
Gracias a no haber entrado ni a la primera ni a la segunda, cuando llegó la tercera y vencida, "devoré" la carrera y todo lo relacionado con la traducción. Es más, quizá si las cosas hubieran ocurrido de otra forma, hoy no estaría escribiendo en este blog (por si no lo sabíais, Traducir&Co nació con la idea de ofrecer información sobre la prueba de acceso porque, en 2007, cuando yo lo intenté, apenas encontré datos; solo en Forotraducción, mi primer contacto con el mundillo. ¡Recuerdo hablar por el MSN con Eugenia ya en 2007...!). Al hacer las pruebas año tras año, salía del examen acordándome del título de los textos y, al llegar a casa, los buscaba y los guardaba. En tercero, los recopilé y los subí al blog en la que ha sido durante mucho tiempo la entrada más visitada del blog, con más de 18 500 visitas (ahora desbancada por "El currículum del recién licenciado").

Como os habréis dado cuenta, esta entrada se llama "Mi odisea hasta llegar a ser traductora".
"Odisea" en el buen sentido de la palabra ;)
Sin embargo, en ella solo he hablado del camino recorrido hasta entrar en la carrera (que no es sino el principio, en realidad). La razón es que yo me he sentido traductora desde el día en que me decidí por esta rama y, aunque hasta conseguirlo haya tenido que enfrentarme a obstáculos difíciles de sortear desde el punto de vista emocional/motivacional, la espera y la lucha han merecido la pena.